Recordando a Kevin Lynch

Aunque han pasado ya muchos años desde que Kevin Lynch publicó “La imagen de la ciudad” (The image of the city, 1960), parecería que la lección no ha sido aún aprendida. Durante toda esa década y las dos sucesivas, se levantaron voces que defendían una forma de ver la ciudad en la que los ciudadanos, los peatones, hombres sin armaduras de dos o cuatro ruedas, recuperaban el protagonismo y podían volver a disfrutar de la ciudad. Esto se acompañaba también con un análisis del paisaje urbano y de la imagen de la ciudad como lugar confortable para sus ciudadanos.

Los principios que se planteaban en ese momento no solamente siguen siendo actuales a pesar de que tal vez han cambiado los actores, sino que muchos de ellos siguen sin tomarse en cuenta. No penséis, sobre todo aquellos que no habían nacido en los sesenta, que es una bibliografía antigua o anticuada y que eso ya está superado.

Coged el libro, que está en todas las bibliotecas del mundo y leed algunos párrafos, si no lo habéis hecho ya. Os dejo algunos principios para abrir bocado…

“Observar las ciudades puede causar un placer particular, por corriente que sea la vista. Tal como una obra arquitectónica, también la ciudad es una construcción en el espacio, pero se trata de una construcción en vasta escala, de una cosa que sólo se percibe en eI curso de largos lapsos (…)

Los elementos móviles de una ciudad, y en especial las personas y sus actividades, son tan importantes como las partes fijas. No somos tan sólo observadores de este espectáculo, sino que también somos parte de él y compartimos el escenario con los demás participantes. Muy a menudo, nuestra percepción de la ciudad no es continua sino, más bien, parcial, fragmentaria, mezclada con otras preocupaciones. Casi todos los sentidos están en acción y la imagen es la combinación de todos ellos (…)

La ciudad no es sólo un objeto que perciben (y quizás gozan) millones de personas de clases y caracteres sumamente diferentes, sino que es también el producto de muchos constructores que constantemente modifican su estructura porque tienen sus motivos para ello. Si bien las líneas generales pueden mantenerse estables durante cierto tiempo, los detaIIes cambian constantemente. Solamente se puede efectuar un control parcial sobre su crecimiento y su forma. No hay un resultado definitivo, sino una sucesión ininterrumpida de fases. Nada de asombroso tiene, pues, que el arte de modelar las ciudades para el goce sensorial sea un arte absolutamente independiente de la arquitectura, la música o la literatura. Puede aprender mucho de esas otras artes, pero no imitarlas.

Un medio urbano bello y deleitable es una rareza, y algunos dirían incluso que es un imposible (…)

Kevin Lynch, La imagen de la ciudad, GG, 1974, pp.10-11

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