Ciento un jardines y una noche (el jardín de los comics)-2

José Tito Rojo aporta a nuestro blog una nueva entrada de jardines, en esta ocasión sobre una imagen de Martin Veyron…

Ciento un jardines y una noche (el jardín de los comics)-2

Cru bourgeois

Martin Veyron

(Albin Michel, París, 1998).

Como es bien sabido “es dura la vida del paisajista” y “a este mundo hemos venido a sufrir”. Por eso prometo mandaros al blog ejemplos de jardines en los tebeos, con el lema “Ciento un jardines y una noche (el jardín de los comics)”. Con suerte llegaré a ese número.

Considerad el Jaimito “Humor jardinero” como la entrega primera. Va aquí la segunda.

El laberinto ha sido uno de los temas recurrentes de los comics. Dejando a un lado los pasatiempos de las revistas infantiles, como aquellos dibujos de Urda en la contraportada del TBO donde un niño miraba la red de caminos tratando de adivinar cómo alcanzar el pastel, casi siempre el laberinto aparece como un lugar peligroso, el perdedero donde los protagonistas se adentran en mil peligros o el complicado paso inevitable para alcanzar un objetivo difícil. Juego cruel de los malvados e cosi via. Fueran de piedra, espejos o paredes vegetales, fueran los héroes el Guerrero del Antifaz, Red Sonja o Barbarella y fuera el peligro una fiera monstruosa, trampas mortales o el riesgo de quedar allí hasta morir de hambre.

cru-bourgeois-portada-baja

Martin Veyron es uno de esos inmisericordes dibujantes franceses que aparecieron en la época efervescente de los 70, dándose a conocer en 1977 en la memorable L’Écho des savanes donde ofrecía su personaje más conocido, Bernard Lermite. En la cubierta de su álbum Cru bourgeois presenta un laberinto bien distinto de los habituales. Formaba parte de un refinado y decadente jardín a la francesa, pero se usa no tanto como referencia al adocenado gusto del propietario de la mansión como por ser resumen espléndido del aire de vaudeville que hay en el interior del libro. Está dibujado recordando las vistas a vuelo de pájaro de los jardines barrocos y se presenta completo con la apariencia de los dédalos clásicos que resulta ya inevitable asociar a Borges. Tiene sin embargo una sutil alteración: no tiene solución, ni la entrada lleva a ningún sitio, ni es posible llegar de ninguna manera al centro. Los personajes están atrapados en él, la novia que (spoiler) no acabará casándose con el protagonista, el novio que señala el cadáver de su suegro, el mayordomo que mira el camino paralelo, el camarero con la bandeja de bebidas, los niños y algunos invitados tratando de hallar la salida que no podrán encontrar porque no existe.

Inútil es señalar que no importa saber cómo están dentro de un dédalo sin entrada, están allí y lo importante es que no hay escapatoria, como inútil es señalar que aunque Cru bourgeois es una denominación que alude a ciertos buenos vinos de Burdeos, en esta obra juega con otro significado evidente.

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