ORIENTE AL SUR. El calotipo y las primeras imágenes fotográficas de la Alhambra [1851-1860]

La Alhambra de Granada está entre los monumentos más representados gráficamente a lo largo de la historia y, por lo tanto, no resulta extraño que desde los inicios de la fotografía haya sido protagonista.

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Alfonse de LAUNAY, Patio de los Leones, fuente y pabellón oriental, Papel a la albúmina a partir de calotipo, 1854, colección Carlos Sánchez.

Oriente al Sur. El calotipo y las primeras imágenes fotográficas de la Alhambra [1851-1860] es el título de la exposición que estará abierta hasta el próximo 15 de octubre en la Cripta del Palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada.

La exposición ha sido organizada por el Patronato de la Alhambra y Generalife y el Museo de la Universidad de Navarra, comisariada por Javier Piñar Samos y Carlos Sánchez Gómez, ambos conferenciantes del Master en Paisajismo, jardinería y espacio público.

El texto y las imágenes que presentamos a continuación (cortesía de Javier Piñar Samos) introducen a la exposición que, además de innumerables imágenes del monumento, aporta diversas visiones paisajísticas de la ciudad en el siglo XIX, la mayor parte de ellas inéditas.

 

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Edward King TENNISON, Patio de los Arrayanes, Procedimiento Blanquart-Evrard a partir de calotipo, 1851-52, Museo Universidad de Navarra.

La imagen de ciertos sitios históricos elevados a la categoría de monumentos constituye una mercancía cultural estrechamente asociada a la contemporaneidad. Aunque esta iniciativa se alimentó de una tradición secular expresa en numerosos repertorios de grabados que circularon desde el siglo XVI, no fue hasta el siglo XIX cuando cobró un singular dinamismo y  un volumen y difusión nunca alcanzados. El fenómeno venía a dar respuesta a una necesidad creciente de conocimiento y vulgarización cultural, pero la construcción de esa nueva e ingente masa de documentos no hubiera sido posible sin las herramientas tecnológicas que el siglo puso a disposición de los artistas, editores y nuevos profesionales. La fotografía fue una de ellas. 

Al aproximarnos a sus primeras décadas de gestación, el fenómeno fotográfico cobra singular importancia, no tanto por la entidad de sus realizaciones como por el anuncio de lo que estaba por llegar. Durante un tiempo,  una tecnología naciente se enfrenta con objetos de la mirada que  están configurándose como entes monumentales. Y esa particular simbiosis entre un nuevo modo de representar y unos espacios históricos deteriorados y en tránsito hacia la monumentalización, produjo resultados de singular valor. Como en ningún otro momento en la historia de la fotografía sobre la Alhambra, esa doble experimentación –fotográfica y arquitectónica- nos ha legado la imagen de espacios reconocibles en sus líneas gruesas, pero matizados con innumerables detalles que el registro extensivo e indiscriminado de la cámara fotográfica incorpora a la escena. Elementos en buena parte desaparecidos con el tiempo, que constituyen valiosas evidencias de las mutaciones contemporáneas que la vieja fortaleza nazarí  estaba experimentando en su aspecto y sus funciones.  La Alhambra fijada en las fotografías surgidas del calotipo resulta, por ello, un tanto ajena a esa imagen canónica del monumento restaurado que trasmitirían las grandes colecciones fotográficas decimonónicas, elaboradas poco más tarde por afamadas empresas españolas y europeas.

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Gustave de BEAUCORPS, Obras de reforma en el pabellón oriental del patio de los Leones, papel a la albúmina a partir de calotipo, 1858, Archivo del Patronato de la Alhambra.

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Charles CLIFFORD, Alcazaba: Plaza de armas, Torre del Homenaje y Torre Quebrada, papel a la albúmina a partir de calotipo, ca. 1854, colección Carlos Sánchez.

 

Antes de que la mercantilización de la imagen fotográfica se impusiera, el método patentado por Henry Fox Talbot en 1841 (talbotype) y su versión francesa (negatif sur papier ciré) constituyeron durante algunos años un campo de experimentación para  escasos pioneros cultivados en el gusto por la arquitectura y las antigüedades, fascinados por las experiencias que deparaba el viaje y las posibilidades expresivas y documentales de esta nueva máquina de atesorar recuerdos. Frente a la rigidez metálica del daguerrotipo y la dictadura de la copia única, los fotógrafos que eligieron el procedimiento llamado «calotipo» valoraron  su ligereza y versatilidad para   obtener hermosas fotografías de una textura aterciopelada, fijadas sobre  papeles y reproducidas tantas veces como se quisiera.  Con todo ello elaboraron una primitiva imagen fotográfica, hecha en España y con la Alhambra como uno de sus  temas preferentes.

Los viajeros y profesionales franceses, británicos y alemanes  que iniciaron esta aventura lograron captar imágenes que nunca antes se habían realizado y concebir una nueva forma de expresión artística. Aunque no todos sus practicantes alcanzaron esta meta, los «primitivos fotógrafos» se pensaron a sí mismos como artistas modernos que estaban creando un nuevo y vasto cuerpo documental, aportando al repertorio de lo que existía y era conocido en su tiempo, una nueva perspectiva sobre temas hasta entonces ajenos a la cotidianeidad. En tal ejercicio adquirieron un aura especial gracias a la creencia generalizada de que las fotografías eran transmisoras de certezas y exactitudes, cualidades inalcanzables hasta entonces para otros artistas. No obstante, su trabajo no fue mayoritariamente reconocido en su tiempo como una producción artística y pocos de entre sus contemporáneos comprendieron el verdadero alcance de este nuevo medio de expresión, capaz de suministrarnos hoy una imagen detallada y verosímil de la Alhambra durante la década de 1850.

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Louis de CLERCQ, Grenade. Cathédrale et environs – Grenade. Vue partielle [Vista de Plaza Nueva e Iglesia de San Gil desde Torre de la Vela], papel a la albúmina a partir de calotipo, 1860, colección Carlos Sánchez.

Las fotografías realizadas por Edward King Tenison (1852), Paul Marès (1852), Felix Alexander Oppenheim (1852),  Alphonse de Launay (1854),  Charles Clifford (1854), Eduardo García Guerra (1856), Jakob August Lorent (1858), Gustave de Beaucorps (1858) y Louis de Clercq (1860) constituyen  valiosos testimonios visuales sobre el lugar y sus mutaciones, diversos atendiendo a  la pluralidad de sus autores,  desiguales porque distintas fueron las intenciones, destrezas técnicas y recursos expresivos de cada uno. Pero, al propio tiempo, comparten un tronco común: buena parte de sus ejecutores participaban de la fascinación por Oriente,  mostraban similares preocupaciones por el uso y posibilidades del medio fotográfico y contaban con soportes institucionales para expandir públicamente unas experiencias visuales ancladas en lugares y motivos compartidos. Granada era uno de esos lugares y lo oriental uno de tales temas. El título de la exposición quiere expresar el reconocimiento a todos aquellos fotógrafos que buscaron en el Sur peninsular la huella de Oriente.

 

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